El lunes a las 8:00, la reunión de mando abre con un mapa proyectado en la pared. Tres manchas rojas cubren el centro, una colonia del oriente y la zona de bares junto a la avenida principal. Alguien dice lo que todos ya sabían: "ahí es donde pasa". El director pide reforzar esas zonas. El jefe de turno asiente, sale de la reunión y asigna las mismas unidades a los mismos sectores que la semana pasada.
Un mes después, el mapa se ve casi igual. Nadie puede decir si las patrullas estuvieron en las calles rojas, a qué hora, cuánto tiempo ni qué hicieron ahí. Tampoco si la mancha creció o se movió por algo que hizo la policía o por algo que no tuvo que ver con ella.
El mapa no falló. Mostró dónde se acumularon los registros. Lo que faltó fue todo lo que va entre el mapa y la calle: rutas, horarios, responsables y una revisión de si funcionó.
El Modelo Nacional de Policía y Justicia Cívica, publicado en el Diario Oficial de la Federación en enero de 2021, plantea el cambio con claridad. En su comparación entre la policía reactiva y la policía orientada a la solución de problemas, pone de un lado el "patrullaje aleatorio" y del otro el "patrullaje estratégico". De un lado el énfasis en las capacidades de reacción y del otro el énfasis en las capacidades de análisis.
El mismo documento pide que la policía, con apoyo de sus unidades de análisis, identifique las condiciones del entorno que facilitan los delitos y las faltas, y que lo haga con análisis sistemático de patrones: el tipo de perpetradores, las características de los lugares, los horarios y los bienes que son blanco. El Modelo también fija la unidad de organización: el cuadrante. Su extensión debe permitir cruzarlo de un extremo a otro en un máximo de 5 minutos, y el encargado de cada cuadrante debe responder de lo que pasa en él y justificar sus indicadores de productividad.
Ahí están dos de las piezas que el mapa no trae por sí solo: un análisis que explique el patrón y una persona que responda por un territorio. Falta una tercera que el Modelo no detalla y que la evidencia internacional sí: la escala.
Un mapa de calor suele mostrar manchas suaves que cubren una colonia entera. Esa imagen engaña sobre cómo se distribuye el delito.
En 2019, Spencer Chainey y un grupo de analistas de la región publicaron en la revista Crime Science el primer estudio comparativo de concentración del delito en microlugares de América Latina. Analizaron datos georreferenciados por segmento de calle (el tramo entre dos esquinas) en ciudades de Argentina, Brasil, Colombia, México, Uruguay y Venezuela. En promedio, para todos los delitos y todas las ciudades, el 0.8% de los segmentos de calle concentró el 25% de los delitos, y el 2.5% de los segmentos concentró la mitad. En homicidio la concentración fue todavía mayor: en todos los casos, la mitad de los homicidios ocurrió en no más del 1.4% de los segmentos.
Los autores concluyen que el delito se concentra en las ciudades latinoamericanas a niveles más altos que en los países industrializados donde surgió esta línea de investigación, y que eso abre oportunidades para programas dirigidos con precisión a esos microlugares.
La consecuencia operativa es directa. Si la mitad de los robos de una ciudad ocurre en una fracción pequeña de sus calles, asignar una patrulla a "la colonia" diluye el esfuerzo en cientos de tramos donde casi no pasa nada. Una mancha roja sobre una colonia no dice cuáles son las diez cuadras que sostienen el problema. Una lista de segmentos sí.
La revisión sistemática más citada sobre el tema es la de Anthony Braga y sus colegas para la Colaboración Campbell, actualizada en 2019. Reunió 65 estudios con 78 pruebas de intervenciones policiales en puntos calientes, incluidos 27 ensayos aleatorios. Su conclusión: enfocar a la policía en lugares de alta actividad delictiva produce reducciones pequeñas pero estadísticamente significativas en delitos y desorden, tanto en delitos de drogas como en delitos contra la propiedad y violentos.
La revisión responde también a la objeción más común, que el delito solo se mueve a la vuelta de la esquina. En las 40 pruebas que lo midieron, fue más probable que los beneficios se difundieran hacia las zonas vecinas que el desplazamiento del delito.
Hay un tercer hallazgo que importa para el diseño: las intervenciones orientadas a resolver problemas, que analizan por qué un lugar concentra delitos y actúan sobre esas condiciones, produjeron efectos mayores que las que solo aumentaron la presencia policial.
La evidencia de América Latina es más reciente y deja una lección que el mapa no puede enseñar. En 2017, cuatro ciudades argentinas (La Plata, Morón, Santa Fe y Tres de Febrero) implementaron programas de patrullaje en puntos calientes con un diseño muy parecido, enfocados en robos y hurtos contra peatones.
El equipo identificó los segmentos de calle que en conjunto concentraban el 25% de esos delitos, trazó rutas de patrullaje a pie de no más de 8 segmentos cada una y organizó parejas de policías que permanecían una hora en cada ruta antes de rotar a la siguiente. Los resultados se publicaron en 2022 en The Police Journal.
En La Plata, los robos bajaron 31% de forma significativa en la segunda mitad de la intervención y los hurtos 39% en la primera mitad. En las otras ciudades hubo una mezcla de disminuciones no significativas e incluso aumentos. No se observó desplazamiento hacia asaltos ni hacia el robo de vehículos.
La explicación que dan los autores es de gestión, no de mapa. Santa Fe implementó solo cinco rutas, contra 25 en La Plata, y las cubrió con bloques largos repartidos a lo largo del día. La Plata cubrió cada ruta en periodos más cortos y concentrados en ciertos días y horarios, por ejemplo jueves, viernes y sábado de 22:00 a 02:00. Las cuatro ciudades partieron del mismo tipo de análisis. Lo que cambió fue cuántos lugares se atendieron, cuándo y con qué intensidad.
Con esa evidencia, un plan de patrullaje basado en datos tiene al menos seis elementos. El mapa aporta el primero y una parte del segundo. El resto lo tiene que construir la institución.
- Lugares concretos. Segmentos de calle, esquinas o plazas identificados por nombre, no una mancha sobre una colonia.
- Horarios. En qué días y franjas se concentra el problema en cada lugar. Una cuadra puede ser crítica el viernes en la noche y tranquila el resto de la semana.
- Dosis. Cuánto tiempo y con qué frecuencia se atiende cada lugar. La experiencia argentina sugiere que repartir la presencia en bloques largos no equivale a concentrarla donde y cuando importa.
- Tipo de intervención. Presencia visible, contacto con vecinos y comercios, o una respuesta al problema que hace atractivo ese lugar: un lote baldío, una salida de transporte, un horario de cierre de bares.
- Responsable. Quién responde por cada lugar y cada turno, en la lógica de cuadrante que plantea el Modelo Nacional.
- Seguimiento. Registro de que la patrulla sí estuvo, y comparación del antes y el después en esos lugares contra lugares parecidos que no se intervinieron.
El último punto es el que más se omite. Sin registro de presencia, un mal resultado no se distingue de un plan que nunca se ejecutó.
Hay una advertencia que conviene hacer antes de convertir cualquier mapa en plan. Los mapas se alimentan de registros, y no todos los registros miden lo mismo.
Un mapa de denuncias y llamadas muestra, con sus límites, dónde la gente reporta problemas. Un mapa de detenciones muestra otra cosa: dónde la policía estuvo y actuó. Si la policía patrulla más una zona, detecta más faltas en esa zona, el mapa la marca más roja y el plan la vuelve a cubrir. El ciclo se refuerza solo, aunque el problema esté en otra parte.
No es razón para descartar los datos de detenciones. Es razón para leer cada capa del mapa sabiendo de dónde viene y revisar si la concentración aparece también en lo que reportan los ciudadanos. El Modelo Nacional apunta en esa dirección cuando pide fortalecer la recepción de denuncias en la policía municipal.
Tribuna no decide dónde patrullar. Esa decisión es del mando. Lo que hace es que la decisión parta de datos ordenados y que la operación deje rastro para revisarla después.
Todo empieza en la captura. En Tribuna, los eventos se registran por detención, llamada o ronda, con ubicación georreferenciada desde la tablet o el escritorio. Que las rondas sean eventos con ubicación es lo que permite, con el tiempo, comparar dónde estuvo la policía con dónde ocurrieron los hechos. Y como la app para tablet guarda los registros en el dispositivo y los sincroniza cuando vuelve la señal, la ubicación no se pierde en las zonas con mala cobertura.
Sobre esos registros, el mapa de inteligencia ofrece capas de incidentes, de calor, de colonias y de los últimos 7 días. Muestra la concentración por hora y la comparativa entre día y noche, el top de faltas, la reincidencia y el tiempo promedio de resolución, además de una línea de tiempo para ver cómo cambia la ciudad entre periodos. Con eso, el analista puede pasar de "el centro está rojo" a "estas calles concentran estas faltas entre estas horas", que es el insumo que necesita un plan.
Cada lectura y cada cambio quedan en bitácora, con permisos por rol, de modo que el acceso a información sensible para planear operativos también deja rastro.
Es la misma idea que desarrollamos en Un centro de mando no es un muro de pantallas: ver más información no basta si no se traduce en decisiones compartidas y verificables.
Antes de comprar otra capa de mapas o una pantalla más grande, conviene que la dirección de seguridad pública responda con datos:
- ¿Puede nombrar los 20 segmentos de calle que concentran más robos a transeúnte en su municipio, o solo las colonias?
- ¿Sabe en qué días y franjas horarias ocurre el problema en cada uno de esos lugares?
- ¿Cada lugar prioritario tiene un responsable por turno?
- ¿Queda registro de que la patrulla estuvo en el lugar asignado, a qué hora y cuánto tiempo?
- ¿Sus mapas distinguen entre denuncias, llamadas y detenciones, o mezclan todo en una sola mancha?
- ¿Después de cada intervención compara los lugares atendidos contra lugares similares que no se atendieron?
- ¿El plan del mes siguiente cambia según lo que mostró la evaluación del mes anterior?
Si varias respuestas dependen de lo que recuerde el jefe de turno, el problema no es la falta de un mapa. Es que el mapa todavía no se conecta con la operación.
Un mapa de calor no es un plan de patrullaje. Es un punto de partida que muestra dónde se acumularon los registros. El plan empieza cuando alguien traduce esa imagen en calles concretas, horarios, tiempos de presencia, responsables y una forma de verificar lo que pasó.
La experiencia argentina lo deja claro: con el mismo análisis, los resultados dependen de cómo se gestiona la ejecución.
Si tu institución quiere pasar del mapa en la pared al patrullaje que se puede revisar, conoce Tribuna, revisa cómo Ágora ordena los reportes ciudadanos que también alimentan la lectura del territorio, o solicita una demo.
- Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Modelo Nacional de Policía y Justicia Cívica, Anexo 1 del Acuerdo 05/XLVI/20, Diario Oficial de la Federación, 26 de enero de 2021
- Chainey, S. P., Pezzuchi, G., Guerrero Rojas, N. O. y otros, "Crime concentration at micro-places in Latin America", Crime Science, 8, 2019
- Braga, A. A., Turchan, B., Papachristos, A. V. y Hureau, D. M., "Hot spots policing of small geographic areas effects on crime", Campbell Systematic Reviews, 15(3), 2019
- Chainey, S. P., Estévez-Soto, P. R., Pezzuchi, G. y Serrano-Berthet, R., "An evaluation of a hot spot policing programme in four Argentinian cities", The Police Journal, 2022
- Pezzuchi, G., Policiamiento focalizado en puntos calientes: ejemplo en 4 ciudades argentinas, Superintendencia de Análisis Criminal, Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, enero de 2024