Un martes por la noche, una vecina escribe al WhatsApp del ayuntamiento. Quiere saber qué documentos necesita para una licencia de funcionamiento y cuánto tiempo tiene la dirección para resolverle. El asistente contesta en segundos, con buena ortografía y tono amable: comprobante de domicilio, identificación, croquis del local y un plazo de diez días hábiles.
Al día siguiente la vecina llega a ventanilla con todo en una carpeta. La persona que la atiende le explica que también falta el visto bueno de protección civil y que el plazo real es de quince días. La vecina enseña la captura de pantalla. "Me lo dijo el municipio".
Nadie actuó de mala fe. El asistente produjo una respuesta plausible, armada con lo que se parece a un trámite de licencia en cualquier parte. Lo que no tenía era una fuente.
Una respuesta no es una fuente. La IA que atiende al ciudadano puede redactar, resumir y explicar, pero lo que afirma sobre requisitos, plazos, costos y derechos tiene que salir de un documento que la institución pueda señalar.
El Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos (NIST) publicó en julio de 2024 su perfil de riesgos para IA generativa, el documento NIST AI 600-1. Entre los doce riesgos que identifica, el segundo se llama confabulación: la producción de contenido erróneo o falso presentado con seguridad, lo que coloquialmente se conoce como "alucinaciones".
Las confabulaciones no son una falla ocasional que se corrige con un parche. Son, dice el documento, un resultado natural de cómo están diseñados estos modelos: generan texto que se aproxima a la distribución estadística de lo que aprendieron. A veces eso da respuestas exactas; otras, respuestas que suenan igual de bien y son falsas.
El perfil agrega dos observaciones que pesan en el sector público:
- El riesgo crece en dominios que exigen contexto especializado. El documento menciona que las confabulaciones en materia legal se han mostrado frecuentes en los modelos actuales. Requisitos, plazos y fundamentos jurídicos son exactamente ese tipo de dominio.
- El tono seguro empeora el problema. El riesgo aparece cuando las personas creen el contenido falso, muchas veces por la seguridad con que se presenta, y actúan con base en él. El NIST advierte incluso que un modelo puede producir citas o razonamientos confabulados que parecen justificar su respuesta.
Esa última advertencia importa. No basta con que el asistente "cite algo". La cita tiene que existir, tiene que decir lo que el asistente dice que dice y alguien tiene que poder revisarla.
En febrero de 2024, el Tribunal de Resolución Civil de Columbia Británica, en Canadá, resolvió Moffatt v. Air Canada, un asunto de reclamaciones menores que se volvió referencia para cualquier institución con un asistente automatizado frente al público.
Tras la muerte de su abuela, Jake Moffatt consultó el chatbot de la aerolínea sobre tarifas por duelo. El chatbot le dijo que podía comprar su boleto y solicitar la tarifa reducida después, dentro de los 90 días siguientes. Moffatt compró, viajó y pidió el reembolso. La aerolínea se lo negó: su política, publicada en otra página del mismo sitio, no permitía solicitudes retroactivas.
La defensa de la aerolínea fue que no podía ser responsable de la información que diera el chatbot. El tribunal la calificó como un argumento "notable" y lo rechazó. Su razonamiento cabe en tres ideas:
- El chatbot es parte del sitio. Tiene un componente interactivo, pero sigue siendo información de la empresa. Da igual si sale de una página estática o de un asistente.
- El usuario no tiene por qué verificar. La empresa no explicó por qué la página de la política era más confiable que su chatbot, ni por qué el cliente debía revisar en una sección lo que otra sección le había dicho.
- La confianza fue razonable. No había forma de que el usuario supiera qué parte del sitio era correcta y cuál no.
La aerolínea tuvo que pagar la diferencia de tarifa, intereses y costas. El caso no crea obligaciones en México, pero la lógica se traslada sin esfuerzo a un gobierno: si el asistente del municipio dice algo, lo dice el municipio.
La Ley Nacional para Eliminar Trámites Burocráticos, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 16 de julio de 2025, aplica a dependencias federales, estatales y municipales. Su artículo 6 establece como principio la certeza jurídica: que únicamente se exijan trámites y requisitos expresamente establecidos en ordenamientos vigentes y registrados en el Portal Ciudadano Único de Trámites y Servicios.
El artículo 51 describe ese portal como el medio nacional de consulta y registro de todos los trámites y servicios de los tres órdenes de gobierno, con un objetivo explícito: que ninguna autoridad solicite trámites, requisitos o condiciones que no estén establecidos en esa herramienta.
El artículo 54 enumera lo que cada institución debe registrar por trámite. Entre otras cosas:
- El fundamento jurídico del trámite y de sus requisitos.
- Cada uno de los requisitos que se solicitan.
- El plazo para resolver y si aplica la afirmativa o negativa ficta.
- El monto de los derechos o la forma de calcularlo, y cómo pagarlo.
- Las oficinas, horarios y medios de contacto del área responsable.
Para quien diseña un asistente, ese artículo es una especificación: dice qué preguntará la ciudadanía y dónde está la respuesta oficial. El artículo 53 agrega que las instituciones deben mantener esa información actualizada y que la falta de corrección puede sancionarse.
Un asistente que contesta requisitos de memoria, o a partir de lo que encontró en internet, compite con la fuente oficial. Uno que contesta a partir del registro del trámite y lo cita, la refuerza.
La diferencia se puede revisar en cinco puntos:
- Fuentes cerradas para lo que compromete. Requisitos, plazos, costos, derechos y sanciones se contestan solo desde documentos que la institución aprobó: la regulación publicada, el registro del trámite, el reglamento municipal.
- Cita visible. Cuando el asistente afirma un plazo o un derecho, menciona el artículo o el documento del que sale. El ciudadano puede verificarlo y el servidor público también.
- Silencio honesto. Si la respuesta no está en las fuentes, el asistente lo dice y ofrece otra vía. "No tengo ese dato; te paso con una persona" protege más que una respuesta inventada con buena redacción.
- Salida a una persona. Debe existir un camino claro para que la conversación llegue a la bandeja de un servidor público, con todo el historial.
- Fuentes con dueño y fecha. Cada documento que alimenta al asistente tiene un área responsable y una fecha de actualización. Cuando cambia el reglamento, alguien sabe que debe cambiar también lo que el asistente consulta.
Ninguno de esos puntos depende del modelo de IA que se elija. Dependen de cómo se gobiernan los documentos que el modelo lee. Es el mismo principio que planteamos en una sugerencia no es una decisión: el valor de la IA en gobierno lo determina el registro que deja, no solo la calidad del modelo.
Una forma rápida de evaluar un asistente es hacerle tres preguntas que tengan respuesta oficial y una que no la tenga:
- ¿Qué requisitos pide el trámite X? La respuesta debe coincidir con el registro oficial, sin requisitos de más ni de menos.
- ¿Cuánto tiempo tiene la dependencia para resolver? La respuesta debe dar el plazo y decir de dónde sale.
- ¿Qué pasa si no me contestan en ese plazo? La respuesta debe distinguir entre afirmativa y negativa ficta, o decir que no aplica, citando el fundamento.
- Una pregunta sin respuesta en las fuentes. Por ejemplo, un caso muy particular de la vecina. El asistente debe reconocer el límite y canalizar, no improvisar.
Si el asistente pasa las tres primeras y falla la cuarta inventando, el problema es de diseño: no distingue entre lo que sabe y lo que suena bien. El NIST sugiere verificar fuentes y citas antes del despliegue y durante la operación, no una sola vez.
El cuello de botella casi siempre está antes del asistente. Muchos municipios tienen sus trámites y plazos repartidos en reglamentos escaneados, hojas impresas y la memoria de ventanilla. Un asistente conectado a fuentes desordenadas repite el desorden con mejor redacción. Por eso el primer trabajo no es elegir el modelo, sino armar el inventario de trámites, servicios y requisitos que la ley ya pide a cada enlace de simplificación en su artículo 15.
Es la misma lógica que explicamos en una lista de opciones no es un catálogo de servicios: cuando la información de base tiene estructura y dueño, todo lo que se construye encima hereda esa calidad.
Ágora, la plataforma de Intello para atención ciudadana, incluye un asistente con IA que atiende por WhatsApp a cualquier hora. Levanta reportes, explica trámites y requisitos, dice dónde ir, arma el expediente con las fotos o PDF que manda el ciudadano y avisa cuando su folio avanza. Varias de sus reglas responden directamente a lo que describe este artículo:
- Cita la ley, no inventa. Cuando el asistente habla de derechos o plazos, cita el artículo exacto. Lo que no está en las fuentes, no lo dice.
- Pasa a una persona. Si el ciudadano lo pide o el caso se complica, la conversación llega a la bandeja del personal, donde el equipo ve las conversaciones y el seguimiento de cada folio.
- Mismo historial en web y WhatsApp. Con el teléfono verificado, el ciudadano retoma su reporte o consulta sus folios desde cualquiera de los dos canales, sin empezar de cero.
El mismo criterio aplica a las llamadas. Ágora transcribe la llamada y propone un folio que se llena con el tipo de reporte, la dirección y el nombre que se dijeron, sin inventar datos que no se dijeron. El personal lo revisa y lo crea. La IA propone; la persona confirma.
Y cuando un reporte se convierte en folio, cada cambio queda en la bitácora con quién, cuándo, antes y después. Si un ciudadano reclama lo que le dijeron, la institución puede reconstruir la conversación y lo que pasó después.
En Tribuna, la plataforma de seguridad pública y justicia cívica, INTELLO AI sigue la misma línea: ayuda a redactar los hechos, sugiere la clasificación de faltas y revisa la consistencia del expediente antes de enviarlo, pero la decisión es de la persona.
Poner un asistente con IA frente a la ciudadanía es una decisión de comunicación oficial, no solo de tecnología. Cada respuesta que da habla en nombre de la institución, a cualquier hora y a miles de personas.
La pregunta para los equipos directivos no es si el asistente contesta bien la mayoría de las veces. Es si, cuando contesta un requisito, un plazo o un derecho, puede señalar de dónde lo sacó. Y si, cuando no lo sabe, lo reconoce.
Si tu municipio quiere atender por WhatsApp con respuestas que se puedan sustentar, conoce cómo Ágora atiende al ciudadano de principio a fin, cómo Tribuna usa la IA como apoyo y no como decisión, o solicita una demo.